Photo by rawpixel on Unsplash

Les comparto un artículo que escribí durante mi maestría para la revista de divulgación científica Biología On-line de la Universidad de Barcelona. Solo un parte ya que es algo largo, pero al final encontrán el enlace del texto completo.

Resúmen

Más de 600 millones de personas adultas enfermas en todo el mundo, cada año fallecen alrededor de 3.4 millones como consecuencia, causando discapacidad a otras miles y dejando un costo en salud de billones de dólares anuales; esta enfermedad se ha convertido en el segundo factor de riesgo de mortalidad prematura y evitable, solo superada por el tabaquismo…

Estamos hablando nada más ni nada menos que de la obesidad, la epidemia que asola a la humanidad desde la década de 1980. Las cifras de prevalencia siguen disparadas a pesar de los esfuerzos de los gobiernos por detenerla. En la primera parte de este artículo haremos un repaso por los conceptos fundamentales y básicos de la obesidad, su significado, diagnóstico y etiopatogenia, para finalmente ahondar en su relación con el estrés y ciertos mecanismos cerebrales que pueden estar implicados en el desarrollo de esta patología.

La obesidad es una enfermedad crónica catalogada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la epidemia del siglo XXI, y con justa razón, pues según las estimaciones de este organismo, entre los años 1980 y 2014, la prevalencia global de esta enfermedad se ha más que duplicado, afectando hoy en día a más de 600 millones de personas adultas de todos los continentes [1, 2].

De acuerdo con la comunicación de investigadores del Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME) publicado en la revista científica The Lancet en el año 2014, más de la mitad de las personas obesas del mundo viven en tan sólo diez países, encabezando la lista Estados Unidos y China seguidos por India, Rusia, Brasil, México, Egipto, Alemania, Pakistán e Indonesia [2]. Si bien España no se encuentra dentro de este infortunado ranking, el panorama no es más alentador que en el resto de naciones y el país no escapa de la pandemia que asola a la humanidad. Esto es lo que pone de manifiesto el “Estudio Nutricional de la Población Española (ENPE)” [3], incluido en la edición de junio de 2016 de la Revista Española de Cardiología, donde se observa una prevalencia estimada de sobrepeso y obesidad en la población adulta (25-64 años) del 39.3% y 21.6% respectivamente. Esta tendencia no sólo está aumentando año a año en el territorio español, sino que lo más alarmante es que hay un incremento mayor en personas con grados extremos de exceso de peso [3, 4].

Nos encontramos entonces ante un escenario preocupante y a su vez todo un reto para la salud pública, pues la obesidad está asociada con mayor mortalidad, discapacidad, deterioro de la calidad de vida, además de impactar en la economía de los países por el elevado costo sanitario de la atención médica que precisan los pacientes afectados.

La obesidad constituye un factor de riesgo para la diabetes mellitus tipo 2, enfermedades cardiovasculares y especialmente cerebrovasculares, hígado graso, cáncer de colon y recto, cáncer de mama en mujeres postmenopáusicas, cáncer de riñón, de endometrio, de esófago y de páncreas. Por otro lado, a estos efectos negativos que han sido ampliamente documentados, se le están sumando otros menos conocidos hasta ahora, como el síndrome de apnea hipoapnea del sueño (SAHS), osteoartrosis y enfermedades psiquiátricas como trastornos del estado de ánimo y ansiedad [4, 5, 6]

Pero… ¿Qué es la obesidad? ¿Es sólo tener un peso elevado? 

Si quieres leer el texto completo sigue este enlace a la Revista Biología On-line de la Universidad de Barcelona

WhatsApp chat Escríbeme!